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jueves, 14 de noviembre de 2019

Precio y valor


Por Eugenio Pacelli Torres Valderrama

Corresponsal del Chicamocha News en Europa

El filósofo alemán Emmanuel Kant (1724 -1804) explicaba la existencia de dos realidades: La del mundo en sí, y la del mundo para mí. A la primera se le llama también objetiva, ya que se centra en la percepción externa, mientras que la segunda es subjetiva, es decir, tiene que ver con las emociones que el entorno nos produce.

Al respecto podríamos considerar la diferencia entre el precio y el valor. El precio es una medida cuantitativa del costo de un artículo y es igual para todos, tanto el rico como el pobre deben pagar lo mismo por un litro de leche.

En cuanto al valor, este se estima de acuerdo a la importancia que tenga para su propietario, por ejemplo, el broche de la abuela, viejo y oxidado, puede ser valioso para quien lo recibiera en su lecho de muerte, pero carecer de valor alguno para un tercero.

La gran diferencia entre el uno y el otro, es que el precio es aparente a todos, mientras el valor es interno. Quien puede darse el lujo de tomar el café diario en una taza de porcelana con bordes de oro obviamente es más rico que aquel que debe hacerlo en un pocillo común producido en serie. Sin embargo, tal vez el rico beba de forma automática, renegando mentalmente contra los cientos de problemas y complicaciones que tendría en el día con el papeleo, las transacciones y las tazas de cambio. Mientas que, para el pobre, la mañana, con el canto de los pájaros y la risa de los niños, es el preámbulo de un día apacible sentado en su pequeño negocio esperando la visita de sus clientes. No sería un desacierto asumir que el café supiera mejor en el segundo de los casos.

La diferencia entre el mundo externo y el interno de que nos habla Kant, toma especial relevancia a la hora de intentar modificar las circunstancias que consideramos adversas.

Al respecto existe una historia, de origen hindú, dada a conocer en occidente por el padre Jesuita Anthony de Mello (1931-1987). En ella se cuenta el esfuerzo de un monarca para mejorar la condición de vida de sus súbditos. Sucedió en la época antigua, cuando los humanos aún caminaban descalzos. Ante las constantes heridas e incomodidades causadas por el agreste terreno, al rey se le ocurrió como solución ordenar que todo su reino fuera cubierto con cuero. Los trabajos comenzaron, pero pronto se dejó ver la impracticabilidad de la idea. El sentimiento de frustración hizo sumir al bondadoso rey en un estado de melancolía. Un sabio errabundo que pasaba por el lugar se enteró de la desdicha del monarca y pidió audiencia. Ante el rey y sus ministros explicó que la idea no era descabellada, simplemente necesitaba un ajuste: En vez de tratar de cubrir todo el reino con cuero, si cada quien envolvía sus propios pies, el efecto sería el mismo, pero la labor realizable. Fue así como se inventaron los zapatos.

Los libros de Anthony de Mello contienen historias de este tipo, en el que el sentido común muchas veces es la solución. Gran parte de las complicaciones no surgen del problema en sí, sino de la forma de abordarlo.

La gran paradoja es que dichas enseñanzas no fueron vistas con buenos ojos por las autoridades eclesiásticas, y es por eso que en varias ediciones de su obra aparece la siguiente nota aclaratoria: «Los libros del padre Anthony de Mello fueron escritos en un contexto multirreligioso para ayudar a los seguidores de otras religiones, agnósticos y ateos en su búsqueda espiritual, y el autor no pretendió que fueran un manual de instrucciones sobre la fe católica en la doctrina y dogmas cristianos».

Para ellos pareciera ser más viable cubrir todo un reino con cuero, que permitir que alguien venga con ideas que ellos consideran revolucionarias, manteniendo al pueblo en ignorancia se perpetúa la manipulación heredada desde los tiempos de la colonia.

(Texto adaptado de mi libro electrónico: "Más allá de la Caverna" disponible en las tiendas Apple, Barnes&Noble, Kobo, y OverDive, entre otras. O también por tan sólo diez mil pesos escribiendo a torrespacelli@yahoo.com).

viernes, 23 de agosto de 2019

La ciencia de lo invisible


En 1666 Isaac Newton hizo pasar un rayo de luz solar por un prisma triangular

Por Eugenio Pacelli Torres Valderrama

Corresponsal del Chicamocha News en Europa

Lo que más sorprende de un truco de magia es que las cosas parecieran suceder por medio de fuerzas invisibles e insospechadas. De un sombrero vacío, el mago saca una paloma viva y la deja volar en medio de la aclamación de los espectadores.

A menudo, sin embargo, entre los que contemplan el espectáculo hay quienes creen estar convencidos de que se trató de un truco, pues nada aparece de la nada. Se jactan, además de su escepticismo y aseguran que, de no haber sido por mentes como la suya, llenas de pragmatismo, la especie humana no habría evolucionado como lo hizo y estaríamos todavía estancados en medio de fantasías y creyendo en poderes sobrenaturales. Para ellos, solamente es verdadero aquello que es tangible.

Sin embargo, en medio de su aparente erudición, pasan por alto un punto importante, la mayor parte de lo que existe escapa a los sentidos.

En la física, esto es evidente. El magnetismo y la electricidad no se pueden ver, sin embargo, nadie niega sus efectos. Lo mismo sucede con la gravedad e incluso con los átomos, de los que hoy todo el mundo acepta su existencia.

Otro ejemplo típico lo tenemos en la naturaleza de la luz.

Cuando en 1666 Isaac Newton hizo pasar un rayo de luz solar por un prisma triangular, se descompuso formando los colores del arcoíris. Muchos pensaron que se trataba de un truco y que era el prisma el que teñía la luz.

Para demostrar que tal no era el caso, Newton utilizó un segundo prisma por el que entraban los rayos de diferentes colores creados por el primero y aparecía de nuevo el haz de luz blanca original.

Incluso con tal prueba, hubo escépticos que continuaron buscando el truco.

Pero, afortunadamente aparecieron también otros investigadores que se propusieron profundizar en el misterio. Entre ellos figuran William Herschel, a quien en 1800 se le ocurrió medir la temperatura de cada uno de los colores así diferenciados. Con asombro registró un valor alto en una región donde no había color. Descubrió así la radiación infrarroja, que, aunque no es visible al ojo humano, se deja sentir en forma de calor.

Un año más tarde, el científico y filósofo alemán Johann Wilhelm Ritter se propuso investigar el otro extremo, el del violeta, e identificó la región que llamamos ultravioleta.

La ciencia se construye a sí misma tomando como base los aportes previos. Fue así como en 1867 James Clerk Maxwell postuló la existencia de otras zonas del espectro, más allá de las fronteras conocidas. Sus sospechas fueron corroboradas por Heinrich Hertz, quien logró producir ondas de radio en su laboratorio.

El espectro electromagnético es uno de los descubrimientos más importantes de la ciencia. Su nombre deriva del vocablo latino Spectrum, que significa «fantasma». Su rango abarca desde los rayos gama, con longitudes de onda del tamaño de un núcleo atómico, hasta las ondas de radio, que pueden alcanzar dimensiones mayores a la altura de un edificio. Sin embargo, se sospecha que va más allá y es infinito y continuo.

Los usos de las diferentes ondas del espectro son variados, muchas las hemos utilizado sin darnos cuenta de que se trata de fuerzas invisibles contenidas en los rayos que nos llegan del sol y que su aplicación se deriva, en última instancia, del análisis de lo invisible.

Entre sus usos más comunes están los rayos X, con que se toman las radiografías; las microondas, con las que funciona la telefonía móvil; las ondas de radio que nos traen las señales de la Wi-Fi y la televisión y las ultravioletas presentes en los tubos fluorescentes.

En el mundo moderno, el espectro electromagnético es un elemento clave en la transmisión de la información.

Así, por escépticos que seamos, cada vez que utilicemos el teléfono móvil deberíamos ser conscientes de que de no haber sido por aquellos que creyeron en el poder de lo intangible, hasta el punto de robarle sus secretos, no estaríamos disfrutando de los mensajes instantáneos que nos mantienen conectados con todo el planeta.

miércoles, 17 de julio de 2019

El rapto de Europa


Por Eugenio Pacelli Torres Valderrama

Corresponsal del Chicamocha News en Europa

Siempre que viajo a Colombia me veo enfrentado a situaciones en las que se me pide que hable sobre la cultura europea. En esta ocasión estuve conversando con un grupo de amigos sobre cuestiones económicas. Para matizar tan árido tema se me ocurrió explicarles que las monedas de dos Euros tienen una cara que es común en todas, donde aparece la denominación y el mapa de Europa. En el otro lado, sin embargo, se le da oportunidad a cada país para que plasme su propio diseño y por tanto son objeto de colección. Dichas monedas cruzan libremente las fronteras y son válidas en toda la unión. Para demostrarlo busqué en los bolsillos el sencillo que aún conservaba, pero sólo había una de dos Euros. La imagen que en ella se representaba, sin embargo, dejó perplejos a mis interlocutores. En ella aparecía una mujer desnuda subida sobre el lomo de un gran toro.

Hubiera sido un ejercicio interesante de escritura creativa solicitarles que dieran una posible explicación al acontecimiento, pero no se me ocurrió en el momento.


La imagen es parte de un mosaico que data del siglo III d.C. y en ella se representa una escena de una famosa leyenda griega.

Afortunadamente la conocía, pues la había escuchado de labios de una de mis hijas cuando recién la había aprendido en el colegio estando en cuarto primaria.

La joven de la moneda es una hermosa princesa fenicia, quien, estando en la playa jugando con sus damas de compañía, notó la presencia de un toro blanco. Tan impresionada estuvo por la elegancia y docilidad del animal que, tras hacerlo parte del juego, no tuvo reparo en subirse en su lomo.

En ese instante el animal salió corriendo sobre la superficie del agua y no se detuvo hasta llegar a la isla de Creta. Aquella había sido la forma que adoptara Zeus, el rey de los dioses, para secuestrar a la desprevenida muchacha que lo había cautivado con su belleza.

La princesa se llamaba Europa, y de ahí deriva el nombre que le dieron al continente.

Lo que yo no sabía en el momento eran los otros pormenores de la historia.

Tras el rapto, su padre, Agénor, envió a sus cuatro hijos varones para que la rescataran. Cada uno de ellos tiene a su vez su propia leyenda. Cílix, el mayor, perdió el rastro y llegó a Turquía, donde con el tiempo se convirtió en rey. Tasos, el segundo, desembarcó en una isla a la que dio su nombre. Fénix terminó en África.

Cadmo, el menor, quien sentía más afecto por su hermana, pudo llegar a Grecia y, confundido como estaba, decidió acudir al Oráculo de Delfos para solicitarle consejo. La voz del oráculo lo tranquilizó diciéndole que su hermana estaba bien y le dio instrucciones para que se dirigiera a una región al norte de Atenas y fundara allí una ciudad asegurándole que llegaría a ser rica y poderosa y, en efecto, lo fue y posteriormente se le conoció con el nombre de Tebas.

Pero su fundación no fue el único legado de Cadmo. A él se le atribuye haber introducido en Grecia el alfabeto, inventado por los fenicios, así como el arado y la fundición de los metales.

Sin dichos aportes tal vez la civilización griega no hubiera florecido tanto como lo hizo y tal vez Fenicia hubiera tenido un desarrollo inusitado. Pero al igual que sucedió con los Mayas y los Incas, fueron las invasiones las que lo impidieron. El pueblo fenicio, que se localizaba en lo que hoy es Líbano y parte de Siria e Israel, fue invadido precisamente por los propios griegos y luego por los romanos y finalmente por los árabes. Grandes mercaderes y navegantes, en su tiempo, han sido prácticamente olvidados en nuestros días.

Recordemos que gran parte de la cultura griega fue luego adoptada por los romanos y extendida por toda Europa. Con el correr de los tiempos llegó también al nuevo continente. El uso del alfabeto ha sido uno de los motores primordiales de la civilización.

Gracias a él, la historia del rapto de la princesa Europa ha perdurado a través del tiempo durante cientos de años. La escena, estampada sobre una moneda ha pasado también por incontable número de manos y viajado kilómetros y kilómetros hasta llegar a García Rovira, donde sirvió para romper la cotidianidad de una tarde.

viernes, 21 de junio de 2019

“Celebrando el Bicentenario”


Por Eugenio Pacelli Torres Valderrama

Corresponsal del Chicamocha News en Europa

Aprovechando mi visita a Colombia quise conmemorar a mi manera el aniversario de la gesta histórica que nos dio la libertad.

Mi recorrido comenzó pernoctando en el Pantano de Vargas. Desperté con el canto de los gallos y el rebuzno de un burro. Poco antes de las seis de la mañana comencé mi camino por una carretera veredal en busca de las ruinas de la «Casa de las seis ventanas», donde según se cuenta estuvo alojado el ejército español.

No bien había avanzado un kilómetro cuando comenzó a caer una lluvia rala que me hizo cuestionar si no sería mejor darme la vuelta. Pensé que de haber tenido mi chaqueta impermeable hubiera podido seguir el recorrido y tal vez andar los otros tres kilómetros que, de acuerdo con las instrucciones recibidas, tenía la carretera antes de desembocar en una mayor, pero desprevenido como estaba, mi camisa no tardó en empaparse.

Fue entonces cuando divisé a lo lejos un aviso que seguramente indicaba el final de mi búsqueda.

Y en efecto, así fue. La vista de aquellas ruinas me hizo pensar en las condiciones que reinaban en los días previos a la batalla. Los españoles allí alojados gozaban de una relativa comodidad en comparación con el frente libertador, que, habiendo salido de los llanos, emprendía el duro ascenso a la cordillera.

Imaginando las vicisitudes sufridas por el ejército de Bolívar, y en su honor, decidí continuar mi camino a pesar de las adversidades del clima. La lluvia, si bien no había arreciado tanto, seguía siendo persistente.

A veces, las comodidades modernas nos hacen olvidar las condiciones de vida de hace doscientos años. En aquella época no existían las chaquetas impermeables, los zapatos eran un lujo, o, el concepto de una tienda de campaña para guarecerse del frío de la madrugada era inexistente. Todo esto y mucho más tuvieron que soportar aquellos aguerridos luchadores y luchadoras, pues con ellos viajaba también un alto número de mujeres y niños que debían asegurarse de alimentar diariamente todo un ejército.

La presión sicológica debió ser también grande, ya que además de lo duro del camino debían enfrentar también la impotencia de ver morir de frío a caballos y compañeros, y todo para que al final no los esperara el merecido descanso, sino una cruel batalla.

El sentido patriótico de nuestros ancestros debió ser inmenso, para hacer frente a todas aquellas circunstancias, y, sin embargo, lo lograron. Gracias a ellos recibimos la libertad, la cual deberíamos venerar y respetar estrechando los lazos de convivencia, pues, al ser todos hijos de aquella proeza, nos convertimos en hermanos.

Continué, y llegué empapado, pero sonriente, al final de la carretera. Para entonces la lluvia había cesado, y un sol tímido asomaba entre las nubes.

A mi regreso, expliqué orgulloso el motivo de mi hazaña a mi hija de once años, quien se limitó a decir: «Estás loco, Papi».

Ese mismo día, guiados por don Luis Sánchez, visitamos el Pueblito Boyacense en Duitama, los talleres de carpintería de Punta Larga, las tiendas de Nobsa, el inolvidable municipio de Monguí, así como Tópaga y Corrales, de donde son oriundos un par de compañeros de estudio de mis tiempos de universidad en la UPTC. El objetivo final era Floresta, allí nos esperaba un viejo amigo y su familia, quienes tras haber vivido varios años en Canadá, decidieron comprar una finca y darle un giro total a sus vidas.

Con él y su señora conversamos largo y tendido sobre las ventajas y desventajas de los dos mundos.

Recordé entonces los comentarios hechos por una pareja de pensionados alemanes que insistían en que el norte de Boyacá es un verdadero paraíso escondido.

En mi viaje a Málaga decidí detenerme en Susacón y alojarme en el mismo lugar donde ellos habían estado.

Efectivamente, la experiencia fue espectacular. Con gusto hubiera querido permanecer más tiempo y explorar el páramo aledaño, pero mi hija insistió en que las locuras ya eran suficientes.

En el recorrido en bus que nos llevó a Málaga, ella observaba pensativa por la ventana. No le pregunté qué pasaba por su mente, pero me gusta creer que imaginaba a aquellos valientes, semidesnudos y con las alpargatas mojadas, ascendiendo desde el llano con el anhelo ferviente de regalarnos la libertad.

lunes, 20 de mayo de 2019

Innovación educativa

(Extracto de mi libro: "Aprendizaje Creativo").

Disponible como ebook en las tiendas: Kobo, Apple, Barnes & Noble y Tolino.

Por Eugenio Pacelli Torres Valderrama

Innovación es un térmico genérico asociado al progreso y la búsqueda de nuevos métodos, con el fin de mejorar algo que ya existe o dar solución a una necesidad.

Dependiendo del campo en el que se aplique cambia ligeramente el significado.

En tecnología la palabra clave es «avance».

En el sector empresarial el énfasis se hace en el «mercado» y la «organización».

Cuando de educación se trata, supone la introducción de «cambios novedosos» para mejorar el proceso enseñanza-aprendizaje.

En todos los casos el propósito final es solucionar un problema o facilitar una actividad.

El progreso, por su parte, se toma como un ideal al cual deberían ir encaminados todos nuestros esfuerzos y es lo que se añora en las regiones más apartadas.

Recuerdo un día en el que en una de mis caminatas pasé junto a una escuela rural. Era una de esas mañanas radiantes típicas de los alrededores de Málaga en la que se siente la frescura de la naturaleza.

Los niños estaban repartidos en cuatro salones de clase y la luz se colaba por ventanas protegidas por rejas metálicas en cuya parte inferior se habían instalado láminas de madera, seguramente para prevenir que los alumnos se distrajeran.

El tema de una de las clases era la metamorfosis de la rana, que la profesora explicaba valiéndose de una anticuada lámina colgada frente al tablero.

De haber tenido la oportunidad de hablar con las maestras lo más probable es que se hubieran quejado de la falta de recursos, argumentando que es la principal razón para el atraso de las comunidades.

En el caso hipotético de que tal inquietud fuera escuchada por alguno de los políticos responsables del desarrollo local, y suponiendo que mostrara interés, les haría llegar la promesa de un computador por salón y posteriormente anunciaría a los cuatro vientos que había llevado el progreso a ese remoto sector.

Quien leyera el suceso en el periódico lo comentaría con sus conocidos y todos estarían de acuerdo en que las cosas por fin comenzaron a cambiar.

Ese es el paradigma del progreso y la innovación con que hemos crecido y que seguimos apoyando y pregonando como si se tratara de la única solución posible.

«Cambios novedosos» dice la definición de innovación y por supuesto que este lo es.

Lamentablemente se trata del cambio equivocado.

Para ilustrar este punto debo culminar mi relato.

Más tarde, ese mismo día, pasando un arroyo, descubrí un pozo lateral que bullía con renacuajos en varias etapas de desarrollo.

No pude más que reírme de aquella paradoja. Los niños enjaulados en medio de uno de los parajes más impresionantes que conozco, absorbiendo el conocimiento como si de algo ajeno se tratara y creciendo con una mentalidad restringida que les recordaba a diario las desventajas en que estaban.

A un kilómetro de la escuela tenía lugar una de las más grandes maravillas de la naturaleza y a los pequeños se les negaba el acceso. Estudiar la metamorfosis en vivo y en su propio entorno es un privilegio reservado a pocos y sería la envida de escolares de la misma edad provenientes de Finlandia o Singapur, famosos por su alto nivel educativo.

Despreciamos nuestras ventajas enceguecidos por la idea de un desarrollo que nunca vamos a alcanzar.

Los recursos abundan y están al alcance de nuestra mano. Este es el paradigma más urgente que debemos implementar en educación.

A veces pareciéramos adictos a las limitaciones, las idolatramos y las esbozamos como banderas para promulgar nuestra inacción. Mientras tengamos la excusa de la falta de recursos todo funcionará, más o menos. Lamentablemente nos hemos acostumbrado a pensar que «más o menos» es suficiente.

Desperdiciamos los privilegios que tenemos hasta el punto en que ya no somos conscientes de ellos, y en el proceso olvidamos nuestra propia naturaleza e identidad.

La innovación educativa debería estar encaminada a redescubrir los misterios del medio ambiente y todo lo demás que es nuestro y estamos en peligro de perder.

En el modelo actual desde el jardín infantil se somete a los niños a un extenuante horario y no se les ofrece la debida oportunidad de desarrollar el sistema motriz ni el poder de observación. El mundo se reduce a la voz del maestro y las líneas de su cuaderno. Por cumplir los programas del ministerio se pasan por alto también actividades que fomentan la formación de conexiones neuronales como la caligrafía, el tejido o la creación de historias, y que son fundamentales para el desarrollo de la creatividad.

Nos enfocamos tanto en aprovechar el tiempo, que en el afán lo que hacemos es desperdiciarlo.

En los primeros años del bachillerato, la época en que se desarrollan las emociones, se tienen los problemas de indisciplina, y con toda razón, pues al habérseles robado la posibilidad del movimiento se sienten inquietos y manifiestan su frustración con el desacato al orden establecido. Se les bombardea con informaciones inconexas y nunca se les permite planear proyectos de su propia iniciativa.

Durante los últimos años de la secundaria la personalidad se ha desarrollado en tal medida que la prioridad es dejar huella en la sociedad. Esta tendencia correctamente canalizada puede ser de gran beneficio para el desarrollo de las comunidades. Lo que se ve a menudo, sin embargo, es justo lo contrario, jóvenes desmotivados y sin perspectivas claras esperando la siguiente orden para cumplirla a medias y pasar al siguiente nivel. Las habilidades que más necesitan: el pensamiento crítico, la solución de problemas y la toma de decisiones, les fueron amputadas en los años previos.

En todos los niveles de la educación, un correctivo que no cuesta mucho sería programar caminatas semanales por los senderos veredales y los pueblos vecinos. Para los niños de la primaria el objetivo estaría enfocado al movimiento y la observación. En los primeros años del bachillerato, a la descripción, es decir, a la búsqueda de cualidades estableciendo semejanzas y diferencias y relaciones de causa y efecto. Los jóvenes de los grados superiores tendrán oportunidad de relacionarse con los campesinos y registrar sus historias, tradiciones y manifestaciones artísticas. Igualmente, podrían participar en programas de recuperación de los recursos hídricos, así como en el reconocimiento de la flora y fauna y las formaciones geológicas locales. El gran éxito de este tipo de educación sería que por ellos mismos decidieran recoger la basura que encuentran en los caminos.

El tiempo que se invierta durante la época escolar en fomentar la creatividad, nunca será un desperdicio. Sus efectos repercutirán en el bienestar de la sociedad y éste, en última instancia, es el objetivo de la educación. 

domingo, 21 de abril de 2019

La escritura creativa como camino de superación


(Imagen tomada de Internet)

Por Eugenio Pacelli Torres Valderrama

Quien alguna vez se haya detenido a contemplar un jardín abandonado, seguramente habrá sido presa de un sentimiento de profunda melancolía.

Las plantas ornamentales marchitándose y la maleza tomando su lugar hasta asfixiar la última, es algo que no solamente ocurre en la naturaleza. En muchas otras situaciones se vive el mismo fenómeno.

Cuando se leen comentarios sobre cualquier tema en Internet, por ejemplo, no queda más que sentir pesar ante el carácter malsano y destructor de algunos de ellos, agravado por la pésima redacción y los "horrores" de ortografía.

Si tal es la única forma de expresión que conocen nuestras juventudes, ¿qué puede esperarse de la sociedad?

Para desarrollarnos a nivel de sociedad, lo primero que debemos hacer es mejorarnos a nosotros mismos.

El secreto, como en el caso de querer regenerar un jardín, no depende tanto de un proceso de adición sino de uno de sustracción. De deshacernos de la "maleza", de aquellos hábitos que, en lugar de ayudar, nos perjudican. La belleza del jardín está contenida en sí misma, es cuestión de permitirle resurgir.

En el caso de la vida diaria, existen muchas actitudes saludables que se pueden implementar. Pero si alguien me preguntara por el punto específico de partida, respondería que lo prioritario es el bienestar mental.

El jardín se regenera por sí mismo si se le facilitan las condiciones necesarias. Lo mismo sucede con nuestro carácter, la mente es plástica, podemos darle la forma que queramos. El equivalente del agua y el abono es rodearnos de situaciones que nos inspiren a la vez que nos fortalezcan. En varias ocasiones he aconsejado la escritura creativa como camino de superación.

Cuando pensamos de forma creativa, ejercitamos funciones cerebrales fundamentales como la atención y la asociación de ideas. Sin embargo, el sólo hecho de pensar no es suficiente. Las buenas ideas pugnan por manifestarse, porque se les brinde la oportunidad de concretizarse. En este sentido, la escritura creativa resulta ser de gran sencillez. No se requiere equipo especializado ni incontables ejercicios de entrenamiento. Papel, lápiz y algo de tiempo es lo único que se necesita. Por supuesto, ayuda tener ciertas directrices, pero en esencia se trata de dar rienda suelta a la imaginación y plasmarla en forma de palabras.

Una vez que hayamos embellecido nuestro mundo interior, aspirando a nobles ideales, el ambiente exterior comenzará a cambiar. La excelencia será la norma y no la excepción.

A nivel de sociedad, el gran riesgo que enfrentamos es el de convertirnos en consumidores pasivos. Si todo nos llega hecho, aquellos que generan las ideas tendrán poder sobre nosotros. Para validarnos, como seres humanos, debemos tener la capacidad de expresar nuestro pensamiento de forma coherente. Es esta, quizá, la mayor virtud de la escritura creativa, nos ayuda a organizar las ideas y a saberlas comunicar.

Otro de los problemas que nos carcome, como la maleza al jardín, es el individualismo, fruto del egoísmo y la envidia que lamentablemente han llegado a tomarse como norma social.

Escribir nos ayuda en este punto. Crear clubes de lectura y escritura que faciliten el intercambio de ideas y la crítica constructiva, no requiere más que empeño. No se trata de aniquilarnos entre nosotros sino de unir nuestras fortalezas para el bien común. Mientras estamos envueltos en pequeños altercados, en otros países nos están tomando la delantera.

Es increíble la ventaja que nos llevan. Los clubes allí no se limitan a una docena de miembros. Con los beneficios de la Internet, miles de personas toman ventaja de ellos. Autores de renombre participan también compartiendo sus experiencias y consejos.

Personalmente frecuento el círculo de los autores independientes y he aprendido mucho de mis instructores en línea, en especial en cuanto a los límites que nosotros mismos nos imponemos. Mi objetivo era llegar a escribir siete libros en lo que me resta de vida. Joanna Penn (thecreativepenn.com), una de mis mentoras, ha escrito 22; otro, Michael La Ronn (michaellaronn.com), 40; y uno de mis favoritos Jerry Jenkins (jerryjenkins.com), nada menos que 195, y trabaja en el 196.

Todos ellos son personas abiertas y optimistas que, además de sus secretos, comparten su visión de la vida.

Optimismo y generosidad son justamente los ingredientes que necesitamos para regenerar nuestro jardín interior y mejorar la sociedad.

A quienes estén interesados en dar los primeros pasos, o profundizar en el proceso creativo, los invito a la serie de talleres que estaré desarrollando en Málaga en el mes de junio. Los detalles están disponibles en el siguiente enlace:

https://drive.wps.com/docs/1SwDeOD98 


Libre de virus. www.avast.com

viernes, 29 de marzo de 2019

“La disfunción del sistema educativo”


Por Eugenio Pacelli Torres Valderrama*

Corresponsal del Chicamocha News en Europa.

Todo en la vida tiene un propósito y de acuerdo al objetivo que se persiga deben implementarse las estrategias requeridas. Si lo que queremos, por ejemplo, es clavar una puntilla, de nada nos servirá buscar un serrucho.

La pregunta que debemos formularnos como educadores, padres de familia o simples ciudadanos es: ¿Cuál es el propósito de la educación? Para lograr algo de claridad al respecto, debemos remontarnos en el tiempo y el espacio, hasta Austria en el siglo XVIII.

Cada vez que la familia imperial se trasladaba a su palacio de verano, en las afueras de Viena, era costumbre hacer una mudanza total, tal y como lo hacemos hoy en día cuando cambiamos de residencia. El problema que se presentaba era que invariablemente en el proceso se extraviaban objetos pequeños, cucharas de plata, por ejemplo.

A raíz de ello, la emperatriz María Teresa (1717-1780) decidió implementar un sistema correctivo y ordenó que se hiciera un listado de todos y cada uno de los elementos que salían de la residencia oficial y se registrara su llegada al palacio de verano y posteriormente su buen retorno.

Pero, entonces, una nueva inquietud asaltó la mente de María Teresa, no solamente se trataba del extravío de cubiertos. Si el imperio no cuantificaba los bienes en su posesión sería muy difícil mantener el control sobre su propia riqueza. Fue por ello que se propuso realizar un inventario de todo cuanto perteneciera al imperio. El problema era que en esa época era muy poca la gente que sabía leer y escribir. El plan requería gran número de empleados con habilidades contables y para tal fin se hizo necesario educar a las masas.

Así surgió el sistema educativo que tenemos actualmente. Fue diseñado para fiscalizar las posesiones del imperio y mostró también su beneficio en la dirección de las fábricas recién creadas tras la revolución industrial, en las operaciones mercantiles, en las campañas militares y, en fin, en la consolidación del poder político. Con esto en mente, las cualidades que se inculcaban con más énfasis en los educandos eran la obediencia y la disciplina.

La estrategia pronto se popularizó en toda Europa y hoy en día se le conoce erróneamente como sistema prusiano, debido al enorme éxito alcanzado en el ya desaparecido imperio de Prusia. Con la colonización se llevó a todos los rincones del mundo donde cumplió un importante papel en la era industrial y el crecimiento económico.

El modelo educativo tradicional con el profesor ante el tablero hablando a 20 o 30 estudiantes sentados en pupitres ordenados hasta que suena la campana y cambia el maestro y la asignatura, funciona a la perfección, debido a su simplicidad, es un sistema lineal y estructurado, tal y como era la sociedad en el siglo XIX y principios del XX.

Pero el panorama mundial habría de sufrir cambios importantes. La segunda revolución científica de Einstein y Planck, las guerras mundiales, la caída de los imperios, la era de las comunicaciones y la globalización.

La humanidad sufrió una importante trasformación, mientras que el sistema educativo continúa en su estancamiento, exigiendo obediencia y disciplina y sin otro propósito aparente que la formación de consumidores.

En el siglo XXI las nuevas exigencias de la educación son: la creatividad, el pensamiento crítico, la flexibilidad y, sobretodo, el trabajo en equipo. No se trata ya de transmitir conocimientos, el saber ha dejado de estar en los profesores, ni siquiera se encuentra en los libros, lo tenemos al alcance de todos con un simple click, o incluso en los bolsillos de los estudiantes, en sus teléfonos inteligentes. Esta es una situación de la cual no se ha tomado ventaja, el tema de un mes puede asimilarse en cuestión de minutos con un vídeo bien producido. El tiempo así ganado debería emplearse en el desarrollo de cualidades más acordes con el devenir de los tiempos.

Tristemente, frente a la educación estamos en la misma posición de alguien que se empeñara en usar un computador de la misma forma que una máquina de escribir, desconociendo todas las demás funciones que contribuirían a hacer el trabajo de forma más eficiente.

La sociedad avanza a un ritmo que hace cada vez más infructuoso el esfuerzo individual, lo que prima es el trabajo colaborativo el cual se entorpece con la cuantificación de las calificaciones. Desde el primer año en la escuela llevamos un rótulo en la frente: Bueno, Regular o Malo. Es algo que nos marca de por vida.

Nadie cuestiona: ¿Bueno para qué? o ¿malo para qué? Es cierto que todos tenemos aptitudes diferentes, pero también lo es el hecho de que con la debida motivación todo puede lograrse.

El estudiante inquieto, mal clasificado como indisciplinado, si logra sobrevivir sin traumas al sistema, será aquel que abrace ideas nuevas, que tome riesgos evaluados, que aprenda de sus errores, y esas son las cualidades más importantes que se necesitan hoy en día.

Como docente, me duele la pasividad de algunos colegas. Enseñamos de la misma forma que aprendimos, eso es lo que mantiene vivo al ya obsoleto modelo educativo. El cambio es un proceso a largo plazo, pero pequeños pasos pueden implementarse a nivel local, en cada una de las clases.

En un colegio enfocado en ser modelo de creatividad, serían los estudiantes mismos quienes cocinaran su propio almuerzo. Se dividirían por grupos, rotándose las tareas de hacer las compras, diseñar el menú, cocinar de forma colaborativa, servir y lavar los platos. Aparte de ser educación para la vida, aprenderían sobre optimización de recursos y se fortalecería el sentido de familia, evitando así el recurrente problema del matoneo. En una verdadera comunidad, el más fuerte defiende al débil y no lo usa como un objeto para mostrar su superioridad.

Esto debería extenderse también a nivel docente. Las victimas del matoneo dejan de serlo cuando se les brinda la oportunidad de explorar sus propios talentos y esa debería ser, precisamente, la prioridad de la educación. Si la chica callada de la que todos se burlan es buena escribiendo poesía, como maestros no debería darnos pena decirles a los estudiantes: Hoy en clase de matemáticas no vamos a practicar logaritmos sino en conjunto seleccionaremos las diez mejores poesías que pueda el grupo escribir, y en él, por supuesto, se contaría también el maestro, de nada sirve enseñar sin el ejemplo.

Si nos tildan de locos, mucho mejor, eso significaría que somos profesores del siglo XXI.

*Doctor en ingeniería (Hokkaido University, Japón), conferencista, autor de los libros "Historias de los tiempos por venir" y "Recuentos desde la otra orilla", ganador del Concurso Nacional de Cuento RCN-Ministerio de Educación. Desde 2011 radicado en Viena, Austria.